Raymond CarverBartleby Editores, 2006
Todos Nosotros es la recopilación de toda la obra de Carver, realizada por su viuda, Tess Gallagher. El volumen, en versión bilingüe, incluye los cuatro libros escritos por el autor, uno de ellos publicado después de su muerte.
Las poesías de Carver son sobre todo autobiográficas, ya que se inspira en la cotidianidad que le rodea, en sus seres queridos, en todo aquello que tiene un valor emocional para él. Ésa es la palabra, emocionalidad, la que mejor describe tanto el contenido de esta obra como lo que provoca en el lector que se sumerge en ella.
La inspiración de Carver surge en cualquier momento, nace de cualquier situación. Desde la muerte de su perro, “Tu perro se muere”, donde parece sentirse culpable por utilizar este acontecimiento para crear un poema:
“...que casi te alegras de que hayan atropellado
al pobre perro, si no, no habrías escrito
nunca ese poema.”
Hasta el hecho de salir de casa sin las llaves “Cierras la puerta por fuera, luego tratas de entrar”, hacen brotar los poemas.
Lejos de pretender banalizar su obra, queda claro según buceamos en ella que la sutil, a veces cándida manera de ver la vida de Carver, contiene un enorme encanto y belleza, ya que dibuja los paisajes de su hogar en California como un pintor puntillista que es capaz de plasmar con palabras texturas, olores, lugares y sonidos.
Es poeta de los sentidos: “Donde el agua se une a otras aguas”, “Prosser” o ”Madera de Balsa”:
“La luz se filtra desde la ventana. Alguien llora.
Lo último que recuerdo es el olor
a quemado de los sesos y los huevos.
(...)
Chillidos de ratas.
Silban cuando salen de las bolsas podridas
arrastrando la tripa. Volvemos al coche
para mirar el fuego y el humo. El motor en marcha.
Huelo en mis dedos el pegamento del avión.”
Carver siempre mira hacia atrás. Es un nostálgico y un soñador empedernido. El paso del tiempo, la añoranza, la huída de sentimientos...elige acurrucarse en el tiempo para sentirse seguro: “Los viejos tiempos”, “El poema que no escribí”.
Su grandeza no radica en encarar el futuro o disfrutar del presente, sino en un hondo y prolongado suspiro por lo que pudo ser y no fué, por el implacable hachazo de las horas y los minutos (“Qué puedo hacer”). Él mismo es consciente de esta lucha entre pasado y presente en el poema “Esta mañana”:
“Pero, como siempre, mis pensamientos
empezaron a dispersarse. Tuve que obligarme
a ver lo que estaba viendo
y nada más. Tuve que decirme a mi mismo esto es lo que
importa, no lo otro (y lo logré
durante uno o dos minutos!). Durante un par de minutos
aquello se impuso a las preocupaciones habituales sobre
lo que va bien y lo que va mal: obligaciones,
recuerdos emotivos, pensamientos sobre la muerte...”
Su inquietud espiritual constante le provoca miedo y desconcierto, asume la inevitabilidad de la muerte casi de la misma manera en que es consciente del terror que le provoca. Todo ello se refleja perfectamente en el poema “Miedo”.
Hay poemas dedicados a Hemingway y Charles Bukowski y varias reseñas a Antonio Machado (“No sabéis lo que es el amor”, "Poema para Hemingway y W.C. Williams”). La figura de su padre y su esposa están muy presentes en la obra: “La cartera de mi padre”, “Para Tess” y no tanto la de su hija, que parece angustiarle y resuelve no hacer nada ante su alcoholismo y su mala vida (“A mi hija”).
Así es, Raymond Carver no hace. Sólo observa, recuerda, teme, se deja mecer, plasma con increíble sentimiento. Su posición ante la vida fué digna, tranquila, amable, aparentemente calmosa. La procesión iba por dentro...
Se despide en “Mi muerte”, de sus amigos, de todo lo que ha conocido y, por supuesto, de su esposa y compañera Tess, quien ha sabido compilar su obra y hacer un homenaje póstumo al poeta, merecidísimo.
Ninguno de nosotros hemos de quedar impasibles ante estas páginas que contienen toda una vida, que reflejan el alma de un ser humano débil, atormentado, hipersensible. Como dijo Hermann Hesse, "El oficio del poeta no es mostrar caminos, sino ante todo despertar la nostalgia."
“Todo lo que sé de esta vida llena de sudor y delicadezas,
de la mía y de la de los demás,
es que dentro de poco me levantaré
y dejaré este lugar tan insólito
que ofrece amparo a los muertos. Este cementerio.
Me iré. Andando primero sobre un raíl
y luego sobre el otro.”
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